ESPÍRITU, FUENTE DE AGUA VIVA.

1. UBICACIÓN

El Espíritu ocupa un lugar destacado en la oración de Alfonso. Porque es el don del amor que el Señor derrama en nuestras almas. Partiendo de esta consideración previa, escribe su Novena al Espíritu Santo y lo hace dice porque es la primera que celebraron los Apóstoles con María, y en la cual recibieron tantos y tan maravillosos carismas. Alfonso proclama con fuerza la acción del Espíritu en la historia de la salvación: Es Él quien derrama todos los beneficios sobre el mundo… Quien colma de favores el alma de María, dándonos en ella a Cristo… Quien llena de carismas a la primera Iglesia.

2. MEDITACIÓN:

Dijo nuestro Redentor a la Samaritana:<<Quien bebiere del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed>> (Jn. 4, 13). Agua es amor para el sediento, pues quien está imbuido de verdadera caridad, nada más busca ni desea, ya que en Dios encuentra todo bien. Con razón se quejaba el Señor de tantos que van como mendigando breves, satisfechos, incapaces de saciar, sin reparar siquiera en Él, que es bien infinito y fuente de alegría: <<Me han abandonado a mí, fuente de agua viva, para cavar aljibes agrietados que no pueden retener el agua>> (Jer.2). Por eso Jesucristo, que te desea ver feliz, levanta su voz para gritar: <<si alguno tiene sed, venga a mí y beba; de su seno manarán corrientes de agua viva>> (Jn. 7, 37). Lo cual significa: Yo derramaré los dones del Espíritu Santo sobre los que me siguen, en abundancia tal, que rebosarán ellos mismos y anegarán a los demás.  

Que esta agua viva sea el Paráclito lo declara seguidamente el mismo Evangelista: << Esto lo dijo por el Espíritu Santo que habían de recibir los que en Él creyesen>> (Jn. 7, 39). La oración es la llave que te abre el canal de esta agua viva. ¿En dónde sino en ella se dispone el corazón y dilata la voluntad para acoger los consuelos y dones de quien es dador de todo bien? ¿Cuándo desciende sobre ti su celestial rocío, sino cuando sintiéndote tierra seca te entregas a la comunicación íntima con Él? Una plegaria de la iglesia dice: <<Que la infusión del Espíritu Santo purifique nuestros corazones y los fecundice con su lluvia interior>>. Y es que el Espíritu templa de pasión, desarraigada los sentimientos turbios, hace germinar la caridad, y madura el fruto de los buenos propósitos. Si te sientes ciego, confundido o pobre, ora al Espíritu que habita en ti.

El mismo que te hizo Hijo de Dios y desde tu desamparo grita: ¡Padre! Te volverá a la vida. Enviará a tu mente un rayo de su luz, para que te conserves en la  verdad. Para que crezcas en la caridad, te anegará en su amor. Te fortalecerá para que el combate de la fe no te rindas.

El Espíritu es la Bondad de Dios. Y sin embargo, ¿Quién lo conoce, quien le invoca? Cuántos cristianos tendrían que decir con los neófitos de Éfeso: <<Si hay un Espíritu Santo le conocemos muy poco, y le invocamos menos todavía>>.

3. ORACIÓN:
           

Oh Espíritu, Abogado,
Luz de los corazones
y Padre de los pobres,
Amor de Dios y Santificador de la Iglesia.


Dame de beber
el agua de tus dones.
Mi alma es tierra seca
que no produce
más que espinas y abrojos.


Oh fuente de agua viva,
inúndame con tu caudal.
No permitas que me vaya a beber
aguas contaminadas.


Riega mi corazón en tiempo de sequía.
Que el tedio no sofoque
ni mate la vida que me infundes.
Ven, Espíritu Santo, y lléname de tus dones.

Amén.

Agradar a Dios.Los mejores textos espirituales de San Alfonso. PS (Madrid) 1987. pp. 53-56.

Por Reynaldo Servín Ayala, C.Ss.R

 

 

 
 

Congregación del Santísimo Redentor, Provincia de México . 2009.