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SAN CLEMENTE FUE CANONIZADO HACE UN CENTENARIO.
Hemos venido presentando algunos extractos de obras que nos refieren a San Clemente Ma. Hofbauer como un gran santo. Es mi propósito continuar con lo iniciado para seguir conociendo a este ilustre redentorista y muy digno hijo espiritual de San Alfonso Ma. de Liguori. Estamos a escasos días de la celebración del centenario de San Clemente y, en esta ocasión, lo podemos ver a través del cristal de la Universidad, Clemente fue un universitario con olfato católico. Clemente se había dirigido a Viena para continuar sus estudios y consolidar su vocación eclesiástica. Allá encontraría amistades para la vida pues, de sobra se sabe que, muchas cosas no se obtienen a fuerza de golpes, son un regalo. Clemente mismo lo llegó a ser en el contacto con los demás. Pero, para Clemente, la amistad trabada con el Padre Nicolás José von Diessbach (1733-1798) lo llevó hasta la veneración como su modelo de vida verdaderamente apostólica; a tal grado que Clemente llegó a explicitar su deseo de encontrar su último lugar de descanso en el cementerio de María Enzersdorf, porque allí fue enterrado su amigo Diessbach, y así se cumpliría; pues, de él había dicho Clemente: "Nos unió un fuerte lazo de íntima amistad, aunque él era mucho más viejo que yo". Clemente se alistó en el grupo la "Amistad Cristiana" fundado por Diessbach en 1778; tenía el fin, entre otros, de promover el sentido de Iglesia y la vida cristiana, luchar contra la "Iustración" y propagar buenos libros. Allí conoció a los hombres que más tarde serían sus grandes bienhechores y amigos. Podemos admitir que este círculo de Diessbach imprimió el sello en Clemente, universitario de 32 años, y fue de sobra estimulado para su actividad misionera posterior. Otra razón por la que Diessbach llegó a ser para Clemente como una figura paterna fue el hecho de que, éste, había conocido personalmente a Alfonso de Liguori, fundador de los redentoristas; además, tuvo que ver en la entrada de Hofbauer en la congregación de los redentoristas. Para Clemente no era fácil reanudar el estudio a sus 32 años. Una vez ocurrió un caso bochornoso. Un profesor emitió una opinión no ortodoxa. Clemente, que tenía "olfato católico", se puso cada vez más inquieto..., hasta que estalló. Alzó la voz en medio de la concurrencia: "Señor profesor, lo que usted dice no es católico". Y enojado se levantó y salió de la sala. Muchos años después se encontraron los dos en las calles de Viena; el profesor se dirigió a Hofbauer, lo detuvo y le agradeció. En la conversación que tuvieron confesó el viejo profesor que aquella escena fue para él humillante pero saludable. Clemente no estaba agusto en la Universidad de Viena por el ambiente anticatólico que reinaba y se decidió a continuar sus estudios en Roma. A viajar a Roma. Un viaje que había de traerle a Hofbauer una orientación decisiva en su vida. Por Carlos Hernández Talavera, C.Ss.R.
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