Nombre:
San Alfonso de Ligorio
Oración:
El hijo pródigo,
considerando el estado tan mísero
en el que se encontraba,
por fin grita: ¡Me levantaré
e iré junto a mi padre!
¡Oh alma mía, imita este ejemplo:
levántate!
Sal del lodazal de tus pecados,
vuelve a tu Padre celeste,
con la confianza
de que Él no te rechazará.
Sí, Padre mío y Dios mío,
lo reconozco;
he hecho mal al quitarte;
me arrepiento
de todo corazón...
Padre mío, bien amado,
perdóname;
dame el beso de la paz,
y recíbeme en tu gracia.
Llegado delante de su padre,
el hijo pródigo
se pone de rodillas:
Padre mío, dice humildemente,
no merezco más, ser llamado hijo tuyo.
Enternecido en lágrimas,
el padre le besa...
Todo entero poseído por el gozo
de haber encontrado al hijo que había perdido.
¡Oh Padre infinitamente bueno,
permíteme que, yo también,
penetrado de dolor a la vista de mis ofensas,
me postre a tus pies y te diga:
Padre mío,
no merezco más ser llamado hijo tuyo,
daddo que te he abandonado
y despreciado tantas veces.
No obstante, sé que tu eres el mejor de los padres
y que no puedes
rechazar a un hijo arrepentido.
Si en el pasado,
no te he amado;
permíteme reconocer que, ahora,
te amo más que a todas las cosas,
y que, por amor a tí,
estoy dispuesto a soportar
todo tipo de penas.
Por tu gracia; haz
que te sea siempre fiel. Amén.
considerando el estado tan mísero
en el que se encontraba,
por fin grita: ¡Me levantaré
e iré junto a mi padre!
¡Oh alma mía, imita este ejemplo:
levántate!
Sal del lodazal de tus pecados,
vuelve a tu Padre celeste,
con la confianza
de que Él no te rechazará.
Sí, Padre mío y Dios mío,
lo reconozco;
he hecho mal al quitarte;
me arrepiento
de todo corazón...
Padre mío, bien amado,
perdóname;
dame el beso de la paz,
y recíbeme en tu gracia.
Llegado delante de su padre,
el hijo pródigo
se pone de rodillas:
Padre mío, dice humildemente,
no merezco más, ser llamado hijo tuyo.
Enternecido en lágrimas,
el padre le besa...
Todo entero poseído por el gozo
de haber encontrado al hijo que había perdido.
¡Oh Padre infinitamente bueno,
permíteme que, yo también,
penetrado de dolor a la vista de mis ofensas,
me postre a tus pies y te diga:
Padre mío,
no merezco más ser llamado hijo tuyo,
daddo que te he abandonado
y despreciado tantas veces.
No obstante, sé que tu eres el mejor de los padres
y que no puedes
rechazar a un hijo arrepentido.
Si en el pasado,
no te he amado;
permíteme reconocer que, ahora,
te amo más que a todas las cosas,
y que, por amor a tí,
estoy dispuesto a soportar
todo tipo de penas.
Por tu gracia; haz
que te sea siempre fiel. Amén.